Un informe de monitoreo digital basado en más de 178 mil registros procesados entre el 8 y el 25 de marzo confirma lo que en el plano político ya comenzaba a insinuarse: la figura del vocero presidencial Manuel Adorni atraviesa una crisis de reputación profunda, con impacto directo sobre el núcleo discursivo del gobierno de Javier Milei.
El relevamiento, elaborado por la consultora Reputación Digital, no solo cuantifica el deterioro, sino que permite dimensionar un problema más estructural: la pérdida de credibilidad del relato oficial basado en la oposición a “la casta”, hoy convertido en el eje más dañino para la propia administración.
En ese marco, los datos son contundentes. Sobre una muestra de 4.936 menciones directas a Adorni en redes y medios, el 35,6% es abiertamente negativo, frente a apenas 6,7% positivo. La relación es de 5,3 críticas por cada defensa. El resto (57,7%) corresponde a contenido neutral, mayormente replicación de piezas virales.
Pero el número más revelador no es el volumen, sino la calidad del rechazo: la emoción dominante es la desconfianza (17,4%), seguida de desprecio (6,7%) e indignación (5,8%). Es decir, no se trata solo de críticas coyunturales, sino de una erosión más profunda en la credibilidad del funcionario.
En términos políticos, esto implica un problema mayor: cuando la conversación pública pasa de la indignación a la ironía y el sarcasmo -como detecta el informe- la reconstrucción de imagen se vuelve significativamente más difícil.
Dos crisis y un mismo patrón: deterioro creciente
El informe identifica dos picos de crisis bien definidos. El 12 de marzo: estalla el escándalo por el vuelo privado y la inclusión de su esposa en una comitiva oficial. Del 20 al 23 de marzo se profundiza con la polémica por la vivienda en un country y la viralización del hashtag #Adornigate.
El segundo episodio no solo tuvo mayor volumen (más de 2.100 menciones), sino un dato clave: la negatividad superó el 76% de manera sostenida, lo que indica una consolidación del rechazo. Es decir, ya no se trata de un episodio aislado, sino de una narrativa negativa que se estabiliza.
No obstante, el elemento más crítico del informe es el análisis temático. Allí aparece el verdadero riesgo político para el gobierno: El eje “casta / doble estándar” tiene 100% de negatividad. Nadie defiende a Adorni cuando la discusión se plantea en esos términos.
Este punto es central. La gestión de Javier Milei construyó su legitimidad sobre la promesa de combatir privilegios. Sin embargo, el caso Adorni activa exactamente el marco contrario: la percepción de que el oficialismo reproduce prácticas que había denunciado. No es un problema individual. Es un cuestionamiento al núcleo identitario del proyecto libertario.
Redes sociales: un mapa adverso
El comportamiento por plataformas refuerza el diagnóstico. Facebook es el escenario más hostil, con un ratio de 15,4 críticas por cada apoyo, sin defensas orgánicas. Google News, en tanto, muestra también una cobertura mediática negativa (16:1). X (Twitter), es el único espacio con cierta narrativa defensiva (7,1%), centrada en la idea de “operaciones” políticas.
Esa defensa, sin embargo, tiene un efecto limitado: logra contener a la base propia, pero no modifica la percepción general.
Asimismo, el intento de cerrar el conflicto mediante una conferencia de prensa terminó siendo, según el informe, un punto de inflexión negativo. Antes incluso de su realización, el clima ya era adverso, con un 56% de menciones negativas previas.
Pero el efecto posterior fue peor. La intervención de Adorni: generó una frase viral fácilmente replicable, contradijo el discurso de austeridad del gobierno y
reforzó el encuadre de “casta”.
El respaldo político tampoco logró revertir la tendencia. Ni los mensajes de Javier Milei ni el apoyo de Karina Milei lograron contener la negatividad. Por el contrario, la intervención de María Eugenia Vidal -recordando viejas exigencias de transparencia del propio Adorni- amplificó el eje del doble estándar, el más perjudicial para el oficialismo.
El informe introduce un elemento adicional: el caso funciona también como campo de disputa política, particularmente en la proyección hacia la Ciudad de Buenos Aires 2027. La narrativa defensiva más efectiva -“lo atacan porque es candidato”- revela que el conflicto no es solo reputacional, sino también intrapolítico, con tensiones entre La Libertad Avanza y sectores del PRO.
Esto explica por qué la crisis se mantiene activa: distintos actores tienen incentivos para sostenerla.
Un problema sin cierre
Las conclusiones del estudio son claras: la crisis no está contenida; la conferencia agravó el escenario; el daño ya no es solo personal, sino estructural para el gobierno y el mayor riesgo es la consolidación del frame “casta”.
En otras palabras, el “caso Adorni” funciona como un síntoma: muestra los límites del discurso oficial cuando la práctica política entra en contradicción con la narrativa. Para un gobierno que hizo de la coherencia discursiva su principal activo, el problema no es menor. Es, potencialmente, el inicio de una erosión más amplia.
Por Fernando Viano
