Por estas horas el país vive un hecho casi inesperado, que podría traer consecuencias inimaginables para las políticas que instrumenta Javier Milei. Sin querer desde Balcarce 50 han despertado un monstruo de mil cabezas, como la Hidra que Heracles mató, que cuando le cortan una o varias, resurge con muchas más de las que había perdido. Han despertado, en primer lugar, al fútbol, que cruza este país uniendo a los argentinos más que cualquier otra cosa. En segundo lugar han despertado a lo más fanático que tiene ese deporte, lo más violento y agresivo, que muchas veces ha incluido muertes y que no reconoce de límites a la hora de los enfrentamientos. Pero fundamentalmente están despertando una figura icónica que los aglutina en defensa y en pos de un objetivo común, que es la defensa de los jubilados. Han despertado la figura única e icónica de Diego Armando Maradona, han despertado al mito.  

Desde agosto del año pasado todos los miércoles los jubilados marchan contra las políticas de ajuste de Milei y el quiebre fue el día que Carlos, un jubilado de 75 años, fue agredido por la Policía. Uno más de tantos. La diferencia fue que llevaba puesta la camiseta de Chacarita, un club que trasciende más por la fama de su hinchada, dueña de las más violentas páginas del fútbol argentino. Pero capaz de transformar esa condena social en una aprobación que no tiene límites cuando toma causas populares y las convierte en propias.

Un claro ejemplo de ello fue la tarde que en el estadio Azteca enfrentó a las selecciones de Argentina e Inglaterra en el mundial de México, oportunidad en la que, junto a la hinchada de Boca Juniors, se enfrentaron a los famosos Hooligans ingleses y lograron derrotarlos, hecho que mereció una nota con aprobado de la desaparecida revista El Gráfico. Por esas horas eran granaderos enfrentando las tropas realistas y esa misma tarde el propio Maradona alcanzaba su papel indiscutido de líder de los argentinos al derrotar a los ingleses asociando su gesta futbolística a la derrota de Malvinas 4 años antes.

Esa golpiza al jubilado la tomaron como una afrenta personal, reaccionaron con espíritu de grupo y fueron parte de la siguiente manifestación, un hecho destacado por toda la prensa y que encendió las primeras alertas en el Ministerio de Seguridad. Una cosa es gasear jubilados y otra meterse con barras bravas.

Tras eso más hinchadas del fútbol argentino anunciaron que se sumaran a la defensa de los jubilados y un campeón del mundo del 86, Héctor Enrique, invitó a todo el arco futbolístico a sumarse, usando las palabras de Maradona el día que se cruzó con una marcha de jubilados en 1992 y lanzó una frase que es parte del colectivo de los argentinos: “A muerte estoy con los jubilados. Lo que les hacen es una vergüenza”.

Aquellos y los de ahora, los jubilados marchando contra las políticas liberales de Menem y los de ahora, que van perdiendo, en 14 meses de gestión de Milei, cinco jubilaciones mínimas a quienes cobran los haberes mínimos.

Además desde el Gobierno Nacional, como si no fuera poco con esto, se meten con el imaginario de los argentinos, con frases que son un mandato en la vida del país. “Con la vieja no te metas”, aquella frase suponía una última línea de advertencia, quien la recibía sabía que a partir de allí jugaba con fuego y quien lo hacía, solía salir quemado. “La vieja”, lo más sagrado para un argentino de bien, cualquier agresión física o verbal, por leve que fuera, predisponía al hijo de la señora agraviada a un combate en el que podía llegar a jugarse el honor y la vida misma.

Esa defensa se fue haciendo extensiva a “los viejos”, que lo dieron todo por los hijos y a los que ofender también es considerado una falta moral grave.

Pero tal vez haya sido Diego Armando Maradona, otra vez D10S, quien llevó ese amor por la vieja y el viejo hasta límites insospechados a los que todos fuimos adhiriendo. La “Tota” y “Don Diego” fueron los destinatarios de cuanta hazaña registró el 10 en los escenarios futbolísticos del mundo.

Y del lado del rock, otro hueso duro de roer a la hora de sumarse a la defensa de lo argentino, surge otro latiguillo igual de contundente, “que nadie se atreva, a tocar a mi vieja”, dejado para la posteridad por otra leyenda, Pappo.

Tal vez el adversario que no hayan encontrado en la clase política, en la llamada “casta”, lo hayan encontrado ahora, justamente contra algo que no puede personalizarse y que está acostumbrado a dar duras batallas, que saben encender una mecha que nadie podrá apagar después, que lo que sigue puede ser un polvorín volando por los aires sin que nadie se anime siquiera a medir sus consecuencias. Porque en ese mismo colectivo futbolístico están incluidos muchos de sus votantes, que no podrán ir contra dos máximas que los argentinos llevan grabadas a fuego, más allá de banderías políticas o creencias religiosas. Se metieron con el fútbol y con la vieja, todos aglutinados bajo la figura mística de un D10S que luchó siempre al lado de los más pobres y necesitados, dueño absoluto de la pasión de los argentinos y ya lo dice Francella en su ya mítica escena, “te das cuenta Benjamín, el tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín, no puede cambiar de pasión”. Despertaron un monstruo. Tal vez después de todo la derrota que marque el principio del fin de Milei esté por darse en solo unas horas.