El discurso de Martín Menem se sostiene en la contradicción y, cuando no, en la descalificación sin fundamento, un rasgo característico del oficialismo libertario. Esto, además, se combina con un marcado desconocimiento de la realidad, en especial de la provincia de La Rioja, a la que representa como diputado nacional, aunque en los hechos actúe en dirección contraria.
El presidente de la Cámara de Diputados ha sido objeto de duras críticas debido a la incoherencia de su accionar político, el cual parece sustentarse más en el peso de su apellido que en un ideario genuino y consistente. Aunque se presenta como un férreo opositor a la «casta política», ha sido señalado en reiteradas oportunidades por prácticas que contradicen ese discurso. Un ejemplo claro es la contratación de su sobrino, Federico Sharif Menem, como director general de la Secretaría Privada de la Presidencia de la Cámara Baja, con un sueldo millonario, lo que fue interpretado como un acto de nepotismo.
Mientras tanto, Martín Menem insiste en que La Rioja tiene los sueldos más bajos del país y desconoce la deuda que Nación mantiene con la provincia desde la asunción de Javier Milei. Ante las críticas, se victimiza denunciando un ataque sistemático en su contra, cuando en realidad sus propias declaraciones dejan en evidencia una estrategia basada en la confrontación. Su blanco preferido es el gobernador Ricardo Quintela, a quien busca subir al ring de la contienda política para posicionarse como candidato a la gobernación de una provincia que, en la práctica, conoce poco.
En una reciente entrevista con un medio local, Menem aseguró haber recorrido más La Rioja que el propio gobernador, una afirmación no solo incomprobable, sino irrisoria si se comparan los antecedentes de gestión de ambos. Casi tanto como la contradicción de impulsar una licitación para la compra de café en la Cámara de Diputados por 178 millones de pesos, con un único oferente, mientras el gobierno nacional proclama la reducción del gasto público.
Además, audios filtrados revelaron cómo instruía a su bloque para generar caos e insultar en plena sesión, con el objetivo de desarticular la resistencia opositora a la votación de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU). Este episodio dejó en claro que su metodología política se basa en la desestabilización a través del agravio y la injuria, sin fundamentos sólidos que sostengan su argumentación. Cuando se le cuestiona por qué no formaliza sus denuncias en la Justicia, evade la pregunta alegando que el Poder Judicial de La Rioja está sometido al gobierno provincial. Sentencia, claro está, para la tribuna.
Pero las posturas de Menem no solo generan rechazo en la oposición, sino también dentro de su propio espacio. Su enfrentamiento con la diputada Marcela Pagano, quien lo acusó de tener actitudes «fascistas» y de priorizar su proyecto personal por sobre el de Milei, dejó en evidencia las tensiones internas y las dudas sobre su liderazgo, que ya había sido cuestionado en el pasado por su falta de compromiso con la función pública.
Esa misma falta de compromiso es la que le permite hacer afirmaciones como que «no hay minería en La Rioja» porque «si hay actividad privada va a haber gente independiente, por eso se pusieron en contra de la minería», en alusión al gobierno provincial. Sin embargo, los hechos desmienten sus palabras: en los últimos años, La Rioja ha experimentado un fuerte resurgimiento de su actividad minera, con proyectos de prospección y exploración de cobre y litio en el Valle del Bermejo, donde operan empresas como First Quantum, Sendero Resources y Hanaq, junto con la estatal Kallpa. Además, la provincia reafirmó su compromiso con el desarrollo minero sustentable, manteniendo un diálogo permanente, abierto y transparente con las comunidades involucradas.
Las declaraciones de Martín Menem no solo reflejan desconocimiento sobre la realidad riojana, sino que también exponen un discurso inconsistente que oscila entre la descalificación y la victimización. Mientras busca posicionarse políticamente atacando al gobierno provincial, sus propias acciones contradicen los principios de austeridad que proclama el oficialismo nacional. En este contexto, más que defender los intereses de La Rioja, su gestión parece estar marcada por el oportunismo y el personalismo, alejándose de las verdaderas problemáticas de la provincia y sus ciudadanos.
