En medio de un clima social cada vez más tenso, la gestión libertaria enfrenta el desafío de sostenerse entre ajustes, escándalos y un horizonte electoral que podría marcar un punto de inflexión.
A poco más de un año de haber asumido la presidencia, Javier Milei enfrenta un escenario crítico: su capital político se desmorona con una velocidad que no encuentra antecedentes recientes en la política argentina. Las promesas de revolución liberal, dolarización y combate frontal contra «la casta» se topan ahora con una realidad de inflación persistente, recesión, desilusión y escándalos. Y todo esto ocurre en un año electoral clave que podría marcar el destino de su gestión.
El deterioro es visible en todos los frentes. Según la última encuesta nacional de CEOP Latam correspondiente a abril de 2025, entre enero y abril la imagen positiva del presidente cayó 5,6 puntos, mientras que la aprobación de su gestión retrocedió 3,6 puntos. Pero tal vez lo más preocupante para el oficialismo sea el colapso en las expectativas: tanto el crecimiento económico como la posibilidad de controlar la inflación muestran retrocesos marcados en la percepción pública.
Este deterioro no es sólo cuantitativo sino emocional. En diciembre de 2023, el electorado libertario se aferraba a la esperanza; hoy predomina la incertidumbre (36,4%), seguida de la bronca (31,6%) y el miedo (10,5%). La narrativa del «salto al vacío» parece haberse convertido en una caída sin red. Como revela el informe de CEOP, el cambio de humor social atraviesa transversalmente a todos los sectores políticos y económicos, lo que deja en evidencia que el desencanto no es exclusivo de quienes nunca confiaron en el proyecto libertario, sino que también afecta a buena parte de sus votantes iniciales.
El centro del malestar continúa siendo la economía. La promesa de «bajar la inflación con motosierra» no se ha cumplido, al menos no en la escala esperada por los ciudadanos. Y aunque el gobierno logró una relativa contención inflacionaria a finales de 2024, el nuevo acuerdo con el FMI -que implicará una devaluación encubierta- amenaza con reactivar la espiral de precios en un contexto social ya agotado.
Los sueldos siguen en niveles mínimos, la pobreza estructural no cede y la inseguridad crece, particularmente en las grandes urbes. A esto se suma un dato político significativo: el 57,2% de los argentinos tiene una imagen negativa del FMI, y el 54,5% considera que recurrir a sus préstamos es una señal de debilidad. Incluso entre los votantes de Milei, un 20% interpreta el nuevo acuerdo como un signo de fragilidad. Esto pone en tensión otro de los ejes discursivos centrales del mileísmo: la imagen de un presidente fuerte, dispuesto a romper con el pasado.
Libragate: el escándalo que dinamitó el relato
El llamado #Libragate, una estafa vinculada a una criptomoneda promocionada por allegados al presidente y por el presidente mismo, terminó por golpear el corazón simbólico del proyecto libertario. Milei prometió ser «lo nuevo» frente a «la casta», pero hoy una parte importante de la sociedad lo ve como parte del mismo sistema que prometió destruir. La indignación generada por el escándalo no sólo minó la imagen presidencial, sino que aceleró el desencanto, agudizó la crisis de confianza y rompió con uno de los pilares más potentes del discurso libertario: la incorruptibilidad.
En este contexto, los datos acompañan la percepción de crisis. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella mostró en septiembre de 2024 una caída del 14,8%, ubicándose en apenas 2,16 puntos sobre 5, uno de los valores más bajos desde que comenzó la serie histórica. Un estudio de la Facultad de Psicología de la UBA reveló que el 65% de los argentinos desaprueba la gestión de Milei. La consultora Zuban Córdoba mostró que el 57,3% de la población considera que el país va en la dirección equivocada.
La debacle también se percibe en las redes sociales, donde el presidente había construido gran parte de su base de apoyo. Hoy, incluso en ese terreno, su imagen comienza a erosionarse, como demuestran las métricas en X (ex Twitter), TikTok e Instagram.
El 2025 electoral: juez y parte
El gobierno llega a las elecciones legislativas de octubre en una situación endeble. La renovación de la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado podría redefinir el tablero político. Cada provincia tiene su propia lógica, pero la tendencia nacional pesará con fuerza. La caída en la imagen presidencial puede tener un efecto directo sobre el rendimiento de los candidatos oficialistas, lo que comprometería la capacidad del Ejecutivo para aprobar leyes o sostener reformas clave.
Además, la tensión con los gobernadores, el conflicto con las universidades públicas, los reclamos de los sectores sindicales y la pérdida de aliados en el Congreso componen un mapa político donde el aislamiento es cada vez más marcado. El gobierno enfrenta un dilema estratégico: necesita mostrar resultados tangibles, pero las exigencias del FMI y los propios errores no forzados -como #Libragate- restringen su margen de acción.
La política, como la vida, no perdona las promesas incumplidas. La gestión Milei nació con un fuerte componente simbólico: era «la última oportunidad» para muchos sectores hartos del establishment. Sin embargo, tiempo récord esa esperanza se convirtió en desconfianza, decepción y enojo.
Si el oficialismo no logra revertir esta dinámica antes de octubre, las urnas podrían convertirse en su primer gran revés.
