Mientras el Gobierno celebra la baja de la inflación como un logro histórico, los indicadores económicos y sociales muestran un escenario opuesto: caída del consumo, cierre masivo de empresas, pérdida de empleos y salarios que no alcanzan. Un contraste que expone la distancia entre el relato oficial y la realidad cotidiana de millones de argentinos.

El Gobierno nacional celebró en las últimas horas el índice de inflación anual de 2025, que cerró en 31,5%, presentado por el presidente Javier Milei como el “mejor dato de los últimos ocho años” y como una prueba contundente del éxito de su política económica. Sin embargo, una mirada integral sobre los principales indicadores productivos, laborales y sociales muestra un escenario muy distinto: una economía en recesión, con destrucción del empleo, cierre masivo de empresas y un deterioro sostenido del poder adquisitivo.
La inflación es, sin dudas, un dato relevante. Pero cuando se la analiza de manera aislada y se la utiliza como único parámetro de evaluación, se transforma en un indicador insuficiente -y engañoso- para describir la realidad económica y social del país.

Cierre de empresas: una sangría productiva persistente
Uno de los datos más contundentes que contradicen el relato oficial es el cierre masivo de empresas. Según el relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), entre diciembre de 2023 y mediados de 2025 cerraron 17.063 empresas más de las que abrieron, lo que equivale a un promedio de 28 empresas que bajan la persiana por día.
Este proceso no distingue tamaño ni sector: afecta a grandes industrias, pymes, empresas familiares y economías regionales. El resultado es una pérdida acelerada del entramado productivo nacional, con consecuencias que se extienden mucho más allá de cada cierre puntual.

Empleo: casi 237 mil puestos de trabajo registrados menos
La destrucción del tejido productivo tiene un correlato directo en el mercado laboral. En el mismo período, el saldo neto fue la pérdida de 236.845 puestos de trabajo registrados, de acuerdo con datos consolidados de empleo formal.
Solo entre junio y septiembre de 2025, el sector privado perdió 49.000 empleos, con la industria manufacturera como principal afectada. Esta dinámica explica por qué, aun cuando algunas estadísticas oficiales muestren niveles de desocupación relativamente estables, la realidad es un mercado laboral cada vez más frágil, con menos empleo formal y mayor informalidad y subocupación.

Casos concretos: fábricas que cierran y despidos en todo el país
Detrás de las estadísticas hay hechos concretos que se repiten en distintas provincias y sectores:
Whirlpool cerró su planta en Pilar y despidió a 220 trabajadores, en un contexto de fuerte caída de ventas y aumento de importaciones.
SKF discontinuó la producción en su histórica planta de Tortuguitas, reduciendo empleo industrial calificado.
Dana, autopartista con operaciones en San Luis, cerró su planta en Naschel y dejó sin trabajo a entre 50 y 60 operarios.
Essen y otras empresas del rubro de bienes durables recortaron personal y turnos por la contracción del mercado interno.
En el sector textil, firmas como TN&Platex cerraron líneas de producción y avanzaron con despidos.
Estos casos, difundidos por medios nacionales y regionales, representan solo una muestra de un proceso que atraviesa al conjunto de la industria argentina.

Producción industrial: caída oficial de la actividad
La recesión se refleja también en los datos oficiales. El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) del INDEC registró en noviembre de 2025 una caída interanual del 8,7%, con fuertes retrocesos en sectores intensivos en empleo como textiles, metalurgia, calzado y autopartes.
La caída de la actividad implica menos turnos, suspensiones, despidos y una pérdida de capacidad productiva que condiciona cualquier intento de recuperación futura.

Consumo: la desaceleración inflacionaria no llega al bolsillo
El consumo interno continúa deprimido. Las ventas minoristas pyme, relevadas por RedCAME, registraron una caída interanual del 5,2% en diciembre de 2025, acumulando varios meses consecutivos de retroceso.
Este indicador confirma que la desaceleración de la inflación no se tradujo en una mejora del poder adquisitivo ni en una recuperación del mercado interno. Las familias ajustan gastos y priorizan lo esencial.

Salarios, jubilaciones y costo de vida
Aunque la inflación anual sea menor que en otros períodos recientes, los ingresos no lograron recomponer lo perdido en los últimos años. Trabajadores y jubilados cerraron 2025 con salarios reales por debajo de los niveles previos, mientras el costo de vida sigue siendo elevado.
En diciembre, la Canasta Básica Total para una familia tipo superó los 1,3 millones de pesos, y la Canasta Básica Alimentaria rondó los 590 mil pesos, cifras que dejan en evidencia la dificultad creciente para llegar a fin de mes.

Pobreza y deterioro social
Este escenario económico impacta directamente en los indicadores sociales. La pobreza se mantiene en niveles elevados, en torno al 30%, y alcanza incluso a sectores con empleo formal. La baja inflacionaria, sin políticas activas de recomposición de ingresos y estímulo productivo, no alcanza para revertir el deterioro social.

Un número que no alcanza
El 31,5% de inflación anual que celebra el Gobierno puede ser el más bajo de los últimos ocho años, pero no alcanza para describir ni revertir la realidad económica y social. El cierre de más de 17.000 empresas, la pérdida de casi 237.000 empleos registrados, la caída de la producción industrial y el derrumbe del consumo muestran que el alivio estadístico convive con una crisis profunda.
La economía no se mide solo en porcentajes. Se mide en empleo, producción y calidad de vida. Y hoy, esos indicadores están muy lejos del escenario que intenta mostrar el discurso oficial.