Hacer referencia al último grave «incidente» que tuvo como protagonista exclusivo al presidente Javier Milei, sería derramar tinta sobre un papel que ya fue escrito en un centenar de ocasiones. Mucho se dijo y mucho se va a decir, seguramente, respecto de este «desliz» del libertario. Incluso, mucho de los medios de comunicación que responden al ex panelista de TV hicieron en estos últimos días un esfuerzo denodado por ubicar el hecho en los parámetros de un «escándalo», como si se tratara de otra versión de la trilogía rancia Wanda Nara-Mauro Icardi-China Suárez con la que intentaron edulcorar el verano de los argentinos, mientras desde Nación sólo llegaban (y siguen llegando) malas noticias.

No es raro que esto ocurra. Pero lo que resulta cada vez más complicado para los cómplices mediáticos del mileismo es poder tapar el sol con una mano, frente a las cada vez más desafortunadas acciones de quien lejos de gobernar, sólo se ha dedicado a generar un clima de conflicto permanente en el que el caos y la violencia van dando como resultado un cuadro de situación que pone al país en riesgo constante.

Declaraciones desafortunadas pero absolutamente (mal) intencionadas como las expresadas en Davos, ya habían parecido suficientes como para convertirse en la gota que rebalsa el vaso (sumado ello, claro está, a medidas políticas y económicas que no hicieron más que perjudicar el nivel de vida de los argentinos). Sin embargo, el presidente no deja de sorprender en su amplio abanico de infortunios, a los que ahora sumó un hecho de evidente fraude a partir de la promoción de la criptomoneda $LIBRA, que resultó en pérdidas superiores a los 4.000 millones de dólares y afectó a más de 40.000 personas.

No se trata de un simple «escándalo». No. A todas luces, el accionar irresponsable (en eso sí es siempre consecuente Milei) del mandatario nacional, entre otras cosas abarca figuras como «estafa», «asociación ilícita», «incumplimiento de los deberes de funcionario público» y «violación a la Ley de Ética Pública», en el contexto de un claro aprovechamiento de su posición a la que, no obstante, denigra en su totalidad al manifestar, por ejemplo, falta de interiorización sobre lo promocionado. Que quien maneja los destinos de un país no sea capaz de «interiorizarse» sobre cuestiones que afectan directamente a sus habitantes no hace más que dar cuenta del nivel de imprudencia, informalidad, insensatez, insolvencia e incompetencia que lo preceden y que, lamentablemente, son ya una marca registrada de su accionar.

De igual manera, pretender culpar a la «casta» de sus propias malversaciones, resulta ya a esta altura un ardid no sólo insuficiente, sino también contradictorio, toda vez que la «casta» nunca estuvo mejor representada que por el propio Milei y sus funcionarios, tal el caso de la ministra Patricia Bullrich, o el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Martín Menen, que desesperadamente salieron a respaldar a su líder, ante un más que evidente desfalco.

Aquel famoso «no la ven» que supo ser caballito de batalla de La Libertad Avanza, mejor que nunca puede aplicarse hacia adentro del propio partido, en un intento aciago por respaldar a una figura que se cae por su propio peso o, mejor dicho, por su falta de peso político y en nombre de una improvisación constante que sume a los argentinos en un estado de indefensión. Las repercusiones internacionales, por caso, así lo evidencian y sitúan al presidente en el centro de una controversia que ha captado la atención mundial ante la gravedad de un hecho que, sin embargo, no es la primera vez que lo tiene como protagonista. Mayormente, lo que se cuestiona es la responsabilidad de Milei en la promoción de $LIBRA, subrayando las consecuencias negativas para los inversores y las implicancias legales para el mandatario.

Pero más allá de esta cuestión (que en nuestro país es altamente probable que quede tan solo en otro «escándalo», tal como lo pretenden los medios oficialistas), lo que se debe analizar desde una perspectiva ética y moral, es que la promoción de una criptomoneda por parte de un presidente plantea serias dudas sobre su deber y transparencia en la función pública, mucho más cuando Milei se autoproclamó el defensor de esta última, cuando no el ser más transparente sobre el planeta tierra, haciendo gala de una moral y una ética superiores a la del resto de los mortales.

De más está decir, en este punto, que un mandatario debe actuar en pos del bienestar general, evitando influencias que puedan perjudicar a los ciudadanos, especialmente en mercados financieros volátiles como el de las criptomonedas, nada más alejado del accionar del presidente que, entre otras cuestiones, exige un compromiso con la estabilidad económica del país. Alentar inversiones en activos de alto riesgo sin regulaciones claras contradice (una vez más y como en tantos otros casos) su discurso de libertad económica, ya que expone a los ciudadanos a posibles fraudes sin la protección del Estado al que, por cierto y según sus propias afirmaciones, vino a destruir. En esto está, evidentemente.

Plan de devastación

En términos morales, la confianza pública es un pilar fundamental del liderazgo político. Este último episodio debilita aún más su credibilidad y puede erosionar, incluso, el apoyo de sectores que -supuestamente- lo veían como un líder económico serio (tal es así como Milei se ve delante del espejo). En definitiva, más allá de las posibles consecuencias legales, el caso del libertario y las criptomonedas deja serios cuestionamientos sobre su ética como presidente, aunque, en rigor de verdad, no hace más que poner en evidencia, nuevamente, su plan de devastación y el empleo de la estafa como herramienta, mucho más allá de quienes resultaron afectados por la movida de $LIBRA. Ocurre que la estafa (política y económica) de Milei abarca, prácticamente, a todos los sectores. La lista, por cierto, es extensa, pero vale la pena repasarla:

* Provincias: Milei lleva adelante, desde el día uno de su gestión, un brutal desfinanciamiento de las provincias con la única intención de poner a los gobernadores de rodillas. Transferencias automáticas y discrecionales (el arma que emplea para domesticar a los mandatarios provinciales) sufrieron recortes tan abruptos como injustificados. Las más afectadas en este rubro fueron La Rioja, Formosa y La Pampa.

* Obra pública: La inversión en infraestructura está paralizada en Argentina. La Cámara Argentina de la Construcción (CAC) calcula que el Estado debe a los contratistas unos 400.000 millones de pesos (400 millones de dólares) y que ya se han producido 200.000 despidos en el sector. El presupuesto de la secretaría a cargo se redujo en casi un 93,5%; lo mismo que el de la Dirección Nacional de Vialidad, que cayó un 75%. Rutas nacionales como la 38, que atraviesan suelo riojano, ya evidencian un estado total de abandono, con todo lo que ello implica.

* Jubilaciones: sufrieron con especial virulencia los recortes de Milei, asado incluido para celebrar el veto a la ley que otorgaba un aumento extra y compensatorio para el sector. Hoy un jubilado en Argentina cobra el equivalente a poco más de un tercio de los 1000 dólares de la canasta básica familiar que toman las estadísticas para no ser considerado pobre.

* Educación: Al igual que las áreas de Ciencia y de Cultura, entre otras, Educación perdió con el Gobierno de Milei la condición de ministerio y pasó a ser una secretaría. La degradación institucional tuvo como correlato la reducción del presupuesto educativo, que según diferentes estimaciones cayó un 50% real interanual. Medidas como la eliminación del Fondo Nacional de Incentivo Docente o la suspensión de obras de infraestructura en escuelas se sumaron también al recorte de los programas de becas estudiantiles (bajaron un 69%).

* Universidades: Milei ahogó a las casas de altos estudios al prorrogar el presupuesto de 2023 sin actualizarlo por inflación, que al momento de asumir arañaba el 290% interanual. En consecuencia, al menos el 70% de los salarios docentes y no docentes están por debajo de la línea de la pobreza.

* Ciencia: la inversión en ciencia y tecnología se derrumbó en la Argentina, alcanzando sus menores valores desde la recuperación de la democracia. Por caso, los fondos del sector perdieron un tercio de su poder adquisitivo. El Gobierno obturó los ingresos en la carrera de investigador y de personal de apoyo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). También redujo drásticamente el número de becas doctorales y posdoctorales, despidió al 15% del personal administrativo del Conicet, paralizó a la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, cerró dependencias y frenó proyectos de áreas clave como el Instituto de Tecnología Industrial (INTI) y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

*Cultura y medios: en este punto no importa tanto la magnitud del gasto recortado sino su impacto en la “batalla cultural” que pretende librar el Gobierno. Como parte de su avanzada contra el periodismo, el presidente dispuso el cierre de la Agencia de Noticias Télam, que tenía casi 800 empleados y era la agencia noticiosa estatal más grande de América Latina. El Instituto de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) fue otra víctima directa de la motosierra. El Gobierno buscó inicialmente cerrarlo, pero ante el rechazo del Congreso optó por el vaciamiento. Entre otras medidas, el INCAA sufrió despidos de personal, cierre de programas, la suspensión de la producción de películas que ya habían sido aprobadas y el desfinanciamiento de los festivales cinematográficos. Del mismo modo, la poda de fondos, las cesantías y la precarización del personal afectaron al Instituto del Teatro, el Fondo de las Artes y la Biblioteca Nacional, entre otras entidades culturales como los museos.

* Políticas sociales: El 66% de los menores de 14 años es pobre en Argentina. Aún así, Milei redujo el presupuesto destinado a las infancias, un recorte criticado tanto por organizaciones locales como por Naciones Unidas. Entre las ayudas interrumpidas está el reparto de alimentos a los comedores populares a los que asisten niños y familias enteras. También fueron cancelados los programas laborales canalizados a través de cooperativas de trabajadores.

*Salud: El mayor recorte es salarial y afecta en especial a los trabajadores de los hospitales que dependen del Gobierno nacional. Entre ellos está el Garrahan, el mayor hospital pediátrico de Argentina, referente en América Latina por su excelencia médica y educativa. El aumento de los seguros privados de salud tras la liberalización de precios aprobada por el Gobierno provocó que algunas empresas de medicina privada perdieran hasta el 10% de sus clientes. Hubo quienes buscaron una alternativa más económica, pero otros optaron por la sanidad pública, que vio así aumentar considerablemente la demanda.

* Género: En Argentina, un país en el que se comete un feminicidio cada 35 horas, Milei no solo cerró el Ministerio de Mujeres, sino también la subsecretaría contra la violencia de género. Además, dejó reducida al mínimo la línea telefónica 144 de acompañamiento a las víctimas de violencia y desfinanció programas destinados a ayudarlas, como los seis meses de subsidio económico que recibían quienes estaban en peligro para poder abandonar la vivienda del agresor y comenzar a rehacer sus vidas. El líder ultraderechista considera al feminismo y las diversidades uno de los grandes enemigos a combatir en la guerra cultural que encabeza. Su última intervención en Davos da cuenta precisamente de un posicionamiento que, a esta altura, no resiste ya ningún tipo de análisis.

* Servicios públicos: tarifazos en luz, gas, agua y transporte. El supuesto -e insostenible- «ahorro fiscal» obtenido por Milei en este ámbito se logró en base a un aumento cercano al 400% en la canasta de servicios públicos que complicó aún más las cuentas familiares y que, sin embargo, en nada garantiza la prestación de esos servicios.

*Industria nacional: con una brutal devaluación de la moneda y una caída del poder adquisitivo, la industria argentina corre un gran riesgo bajo la gestión actual. A la desregulación total de la economía hay que sumarle los aumentos de combustibles y los tarifazos de energía eléctrica, al igual que los aumentos en el transporte público.

Al borde del colapso

Como se puede apreciar, no hay en el gobierno de Javier Milei un ámbito que no esté sufriendo los efectos desoladores de su accionar en el poder. Más allá de los cuestionamientos por sus constantes deslices y decisiones políticas, lo que emerge con mayor claridad es la vulneración de la confianza pública y el desprecio por el bienestar general.

La promoción de una criptomoneda como $LIBRA es solo un ejemplo más de cómo la imprudencia y la falta de compromiso con los intereses nacionales han llevado al país a un estado de vulnerabilidad donde la irresponsabilidad y el fraude parecen ser los pilares de su gobierno. La destrucción de instituciones clave, como la educación, la ciencia y la salud, sumado a la desfinanciación de políticas sociales, refleja una agenda que pone en riesgo la estabilidad del país y sus ciudadanos. En última instancia, la imagen de Milei, ya dañada por sus acciones y discursos, enfrenta un desafío ético que, al no ser rectificado, podría llevar a su colapso político y a la profundización de la crisis económica y social en Argentina.