Ensayo y error: Privatizar para descapitalizar al Estado

Dicen que el error es una de las mejores formas del aprendizaje. En 1931 un psicólogo norteamericano, Edward Thorndike, describió esto con el nombre de la ley del efecto. Poco antes de asumir su segunda presidencia en 1995, Carlos Menem dio impulso a la ley 24.464 que, entre otros puntos, traspasó el Fondo Nacional de la Vivienda a las provincias, poniendo fin al manejo discrecional de esos fondos que se hacía desde la Secretaría de Vivienda de la Nación.

Pocos recuerdan que, en su propia provincia natal, y bajo la gobernación de Bernabé Arnaudo, se produjeron dos hechos que por la resistencia que generaron no solo lograron volver a la situación inicial sino que fueron parte de una cadena de sucesos que determinaron esas decisiones a nivel nacional.

El primero fue pasar el recupero de las cuotas de las viviendas entregadas al Banco Hipotecario y el segundo y más grave, fue querer traspasar la Administración Provincial de Vivienda a esa misma entidad bancaria, lo que generó medidas de protestas de los trabajadores estatales hasta que finalmente se desistió de la medida. El cobro del recupero también volvió finalmente a manos provinciales. Ensayo y error.

Como siempre, se afirmaba que lo privado funcionaba mejor, premisa fundamental de aquella reforma del Estado que Menem impulsó a través del plan Bunge y Born que dejó frases como que los ferrocarriles ocasionaban una pérdida de 1 millón de dólares por día. El Estado Nacional se quedó sin ENTel que fue a manos de Telecom y Telefónica (Bell había ganado la licitación pero desistió por las millonarias coimas que le pedían), los canales de televisión 11 y 13, Aerolíneas Argentinas, los trenes, los peajes, Segba, Obras Sanitarias de la Nación, Yacimientos Carboníferos Fiscales y Somisa.

El resultado es conocido. El Estado argentino se descapitalizó, los miles de millones de la venta de las empresas no se usaron para terminar con el lastre de la deuda externa, sino que sirvieron para sostener, en un fuerte proceso de endeudamiento, el flujo de dólares que garantizaran el experimento de la convertibilidad. El peso de la deuda, más el déficit fiscal y el fin del financiamiento externo, significaron la lápida para el uno a uno. Ensayo y error.

Por estas horas el Presidente Javier Milei está enfrascado en privatizar el Banco de la Nación Argentina, ese que en 1892 abrió su primera sucursal en Chilecito, para dar respuesta al flujo económico que generaba por entonces la minería. La Justicia frenó la medida pero seguramente eso no detendrá por mucho tiempo los intereses libertarios. Para ello cuenta con el apoyo de cierto sector de la opinión pública que festeja que para transferir un vehículo no hace falta pagar las multas y la patente. El Banco Nación depende hoy de la lucha de sus trabajadores para subsistir y que simplemente sea otro ensayo y error que no traiga consecuencias más graves.

Para cierta porción de la clase media y los gobernantes, el error de un ensayo no alcanza para no volver a cometerlo y lo prueban una y otra vez.