Este martes 2 de septiembre, cuando se celebre el Día Nacional de la Industria, La Rioja llegará a la fecha con un panorama que dista mucho de aquel clima de expansión y empleo que supo vivir su Parque Industrial. Las políticas económicas impulsadas por La Libertad Avanza desde su llegada al poder, en fines de 2023 –apertura importadora, quita de subsidios energéticos, suba de tarifas y caída del consumo interno– golpearon con fuerza a los sectores más representativos de la provincia: el textil, la confección y el calzado.
Los números hablan por sí solos. Durante los últimos meses se contabilizaron más de 600 despidos y una cifra similar de suspensiones, con fábricas que debieron recortar turnos y ajustar su personal a un mercado cada vez más reducido. Casos como los de Alpacladd o ENOD, que suspendieron a gran parte de su personal con el 75% del salario, ilustran un cuadro que se repite en distintas naves del Parque Industrial riojano. El propio gobierno provincial expresó su preocupación y reconoció que el total de despidos ya superó los 800 en lo que va de 2025.
La apertura comercial y la llegada de productos importados a precios imposibles de igualar dejaron a la industria local sin capacidad de competir. A esto se suma el costo de la energía: la quita de subsidios y los aumentos en las tarifas de luz y gas encarecieron la producción, erosionando márgenes que ya eran estrechos. En paralelo, el consumo eléctrico en la Provincia cayó un 4%, signo directo de que muchas máquinas permanecen apagadas. El indicador más claro está en la utilización de la capacidad instalada: en junio de 2025, la industria textil riojana funcionó apenas al 42,6% de su potencial, muy lejos de los niveles previos al ajuste, cuando rondaba el 60%.

Acciones de la Provincia para sostener la producción y el empleo
Frente a esta realidad, el Gobierno provincial decidió no quedarse de brazos cruzados. Consciente del impacto de las medidas nacionales, impulsó una serie de acciones para sostener la producción y el empleo como la declaración de emergencia para la industria textil y del calzado, lo que permitió a las empresas acceder a beneficios temporales y facilitar ajustes administrativos. De igual manera, se estableció una mesa de diálogo sectorial con cámaras empresariales y sindicatos para monitorear la situación y coordinar asistencia, al tiempo que se dispusieron subsidios y líneas de crédito provincial para capital de trabajo, especialmente destinados a PyMEs, y postergación de impuestos provinciales para aliviar la presión financiera.
Por otra parte, se puso en marcha una negociación de tarifas industriales diferenciadas y programas de eficiencia energética, con el objetivo de mitigar el efecto de la suba de costos energéticos nacionales y una política de “compre local” y encadenamientos productivos: incentivos para que grandes inversiones incluyan proveedores riojanos y que la administración pública priorice productos elaborados en la Provincia. De igual manera, se continuó trabajando en materia de capacitación y reconversión laboral, en colaboración con universidades y escuelas técnicas, para que los trabajadores puedan adaptarse a nuevas tecnologías y procesos productivos más eficientes.
En otras palabras, mientras las políticas nacionales empujan al sector hacia la precarización y la pérdida de competitividad, las medidas provinciales intentan convertirse en un paliativo que sostenga la actividad y proteja los empleos más vulnerables.
El Día Nacional de la Industria encuentra entonces a La Rioja en una encrucijada. De un lado, la resiliencia de sus trabajadores y empresarios, que sostienen la producción a pesar de la tormenta. Del otro, un horizonte de incertidumbre marcado por la caída del mercado interno, la presión de las importaciones y los altos costos.