Mientras participa de eventos ideológicos y privados con entradas pagas, el presidente mantiene una escasa relación con el interior del país. En más de un año y medio de gestión, solo visitó 11 provincias y acumuló más viajes al exterior que al territorio que gobierna.
La reciente visita del presidente Javier Milei a Córdoba para participar de la Derecha Fest -un evento con entrada paga de 35 mil pesos que reunió a figuras del liberalismo global- volvió a poner en evidencia una tendencia que se consolida desde su llegada al poder: el desinterés por las provincias argentinas y una visión centralista en la que el país profundo queda relegado a un segundo plano.
Desde que asumió la presidencia el 10 de diciembre de 2023, Milei ha realizado más de 20 viajes al exterior, muchos de ellos por motivos personales, premios ideológicos o reuniones con empresarios internacionales, mientras que sus recorridas por el territorio nacional son escasas, esporádicas y en su mayoría protocolares (y algunas ni siquiera). Según un relevamiento de medios nacionales, solo ha visitado 11 provincias -menos de la mitad del país- y en muchas de ellas apenas permaneció unas pocas horas.
Eventos exclusivos y gastos millonarios
Además de Córdoba, otro ejemplo ilustrativo fue su visita a Chaco, donde participó en la inauguración del «Portal del Cielo», un megatemplo evangélico con entrada pagada que alcanzaba hasta los 100 mil pesos en algunos sectores. La elección de este tipo de actos con un perfil elitista y cerrado, en un país con profundas desigualdades, marca la estrategia política de Milei: rodearse de grupos específicos y desentenderse del contacto con la mayoría.
En Córdoba, el Estado destinó recursos millonarios para garantizar la seguridad y logística del presidente durante el evento privado de la Derecha Fest, que además cobraba entrada al público. A saber: Milei llegó a Córdoba en el avión oficial Tango 10, el Lear Jet 60 de la flota presidencial. Con él viajó su hermana Karina. En otros medios de transporte oficiales se trasladaron cerca de 40 efectivos de Casa Militar, quienes llegaron un día antes; casi un centenar de gendarmes de la base de Jesús María; efectivos de las delegaciones de la Policía de Seguridad Aeroportuaria y de la Policía Federal y efectivos del Ejército para la guardia de honor. Se calcula que fueron cerca de 250 efectivos y personal de Presidencia.
Este uso de los recursos públicos para un acto privado ya generó una presentación en la Cámara de Diputados para que Presidencia informe si Milei cumplió agenda oficial en Córdoba.
Gira internacional vs. desconocimiento federal
La contradicción es evidente: mientras que el mandatario suele jactarse de su reconocimiento en el exterior, acude a foros de derecha, recibe premios de think tanks ultraliberales y se fotografía con figuras como Elon Musk o Donald Trump, dentro de la Argentina desconoce la realidad cotidiana de millones de argentinos y argentinas que viven fuera del AMBA.
Las cifras lo confirman: en más de un año y medio de gobierno, Milei pasó alrededor de 70 días fuera del país y solo realizó 22 viajes dentro del territorio nacional, sumando apenas 12 días de estadía en provincias. A esto se suma el dato político más inquietante: todavía no ha pisado provincias como La Rioja, Salta, Jujuy, Catamarca, Chaco, Formosa, Misiones o Santiago del Estero.
Y como si esto fuera poco, cuando sí viajó, lo hizo con un perfil netamente utilitario o vinculado a su agenda ideológica: Corrientes (acto liberal), Bariloche (Foro Llao Llao con empresarios), Tucumán (firma del fallido “Pacto de Mayo”), San Juan (Plan Nacional de Alfabetización), Santa Cruz (rumbo a la Antártida), Bahía Blanca (tras un temporal), ExpoAgro en Santa Fe y San Nicolás, y Río Negro (acto privado). En todos los casos, su presencia fue breve, sin recorridas territoriales ni contacto con comunidades locales, y muchas veces sin siquiera reunirse con los gobernadores.
Por caso, en Córdoba, su reciente aparición pública fue para sostener un discurso de neto corte ideológico, rodeado de referentes de la ultraderecha. No hubo anuncios de gestión, ni reuniones institucionales, ni contacto con sectores productivos. La provincia -una de las más afectadas por el recorte de subsidios, los despidos en organismos públicos y la caída de la obra pública- quedó reducida a una escenografía para el show político del Presidente.
La desconexión entre Milei y las realidades provinciales no es una cuestión menor. En un país con fuertes desigualdades territoriales, y en medio de una crisis económica que golpea con mayor fuerza en el norte y en la Patagonia, la ausencia del Estado nacional -y particularmente del presidente- en los territorios no hace más que profundizar la fragmentación. Milei no conoce las provincias. No las visita. No las escucha. Y, todo indica, no le interesan.
Un presidente en una burbuja
El federalismo, que la Constitución consagra como principio organizador de la Nación, se ve cada vez más debilitado por un modelo de gobierno verticalista, donde la Casa Rosada toma decisiones sin consultar ni dialogar con los mandatarios provinciales. Lejos de recorrer el país, Milei gobierna desde las redes sociales, los sets de televisión o los hoteles de lujo en el extranjero.
A más de un año y medio de gestión, la “libertad” que pregona parece limitarse a una narrativa global, desconectada del territorio nacional que debería gobernar. Las provincias argentinas, que aportan recursos, producción y diversidad cultural, reclaman algo tan básico como la presencia. Pero el presidente sigue girando -literal y simbólicamente- lejos de ellas.
